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Los mexicanos somos unos hijos mal educados

 

El objetivo de este articulo sin duda no va a ser buscar la aprobación de todos los lectores. Sin embargo, es un punto de vista distinto a lo que estamos acostumbrados a escuchar o es diferente a lo que queremos oír. Nos gusta que nos digan lo que queremos y como queremos. En especial el Gobierno. Estamos mal acostumbrados a que el Gobierno nos mienta de la manera en la que nos gusta en lugar de afrontar la verdad como llega.

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¿Inquisición en el Siglo XXI?

La inquisición es conocida como una forma de represión, muchas veces legal de la libertad de expresión, de la libertad de culto, en resumidas cuentas, de la libertad humana. Ese es el concepto que queda impreso en el pensamiento de muchas personas de nuestro siglo, que luchan constantemente a favor de la libertad humana. Seguir leyendo ¿Inquisición en el Siglo XXI?

¿Qué Iglesia queremos?

En el torbellino y confusión de valores de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, las instituciones, tanto civiles como religiosas, están experimentando circunstancias serias, que cuestionan e incluso condicionan su existencia.

 

De ahí que la Iglesia, vista como la institución que reúne a los creyentes en Jesús de Nazareth y, más concretamente para nosotros, la Iglesia católica romana, está pasando por una crisis de credibilidad, no solamente en referencia a su doctrina sino incluso a su modo de existencia.

La Iglesia en crisis

Ante esta crisis, que la podemos mirar y enfocar desde distintos puntos de vista y con actitudes diferentes, vamos a presentar en este espacio reflexiones que nos ayuden a ser críticos de nosotros mismos y responsables ante nuestro mundo de la presencia de la Iglesia y de nuestra adhesión a ella.

 

Porque, ante todo, hemos de recordar que la Iglesia no es propiedad exclusiva de los cristianos sino que pertenece a todos los seres humanos, a quienes Dios quiere anunciar, por medio de ella, la buena nueva del Reino de los cielos.

 

¿Qué ha sucedido desde que el libro de los Hechos de los Apóstoles comentaba que los que formaban la primera comunidad cristiana de Jerusalén “gozaban  de la admiración del pueblo”, hasta que la Iglesia ha sido rechazada e insultada como traidora a la causa de Jesús, de manera que sea común el dicho en la actualidad: “creo en Jesucristo pero no creo en la Iglesia” o “creo en Jesucristo pero no creo en los cristianos”, frase esta última atribuida a M. Gandhi?

 

¿A qué Iglesia se refirió Jesucristo cuando le dijo a Pedro: “sobre ti edificaré mi Iglesia y los poderes del abismo no prevalecerán contra ella”? ¿Qué imagen de Iglesia es creíble hoy?  ¿la de “la barca fuera de la cual no hay salvación eterna” o la que nos la describe como “sacramento –signo- universal de salvación”? La primera imagen es un grito de alerta y de amenaza, la segunda lo es de invitación y esperanza. En este espacio presentaremos imágenes y experiencias de la Iglesia, que hoy día se cuestionan, y otras, que se proponen desde una concepción ecuménica y una actitud de servidora de los valores del Reino en favor de la humanidad.

“Creo en el Cristo pero no creo en los cristianos”. Mahatma Gandhi

Y así nos la presenta el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica El gozo del Evangelio. Ya desde antes de publicar este documento, fruto del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, el Papa ha hablado repetidas veces sobre la Iglesia como servidora, la Iglesia como está más para preocuparse de las necesidades ajenas que de las propias.

 

Les voy a transcribir algunas expresiones de la Exhortación, que son suficientemente comprensibles para todos.

 

La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (n. 47).

 

Repito aquí lo que he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer” (n. 49).

 

Resumiendo, nos dice el Papa que, ante todo, tengamos presente que somos Iglesia para ser comunidad servidora del mundo y, por ello, las estructuras deben existir en función de la misión de la Iglesia, más aún, si no sirven para ello, deberán ser cambiadas o desaparecer.

Ser congruente, una tontería

Ser congruente, una tontería

-“Entonces, ¿Sócrates decidió cumplir la pena de muerte a pesar de que tuvo la oportunidad de huir y salvar su vida?”-. -“Así es”– le respondí. -“¡Pues que tonto!”- concluyó mi alumno.

Y sí, en la actualidad parece tonta esta decisión de quién ha sido uno de los más grandes filósofos de la historia. El dilema de esta situación en el fondo es de congruencia. Sócrates estuvo dispuesto a morir siendo fiel a sus ideales, antes que a vivir siendo incongruente con su pensamiento.

Ser congruente cada día

Cada uno de nosotros día a día nos enfrentamos a dilemas similares al de Sócrates (la gran mayoría de ellos, no tan dramáticos). Y es a lo largo del día tomamos una cantidad impresionante de decisiones, pero sólo algunas de ellas son las que ponen a prueba nuestra congruencia.

El ser humano, dotado de inteligencia y voluntad, tiene la capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto y de actuar en consecuencia. El dilema se encuentra en que muchas veces dejamos de usar estas cualidades. Como consecuencia caemos en lo que Enrique Rojas llamó Indiferencia Pura y Cinismo Práctico.

Primero hablemos de la Indiferencia Pura. El ser humano moderno ha visto demasiados cambios en muy poco tiempo gracias a los avances científicos y tecnológicos. Todo lo que deja atrás la modernidad se vuelve “obsoleto”; es así como el hombre moderno empieza a interesarse más por poseer lo moderno que buscar lo que es mejor para él.

El problema es que esto se traslada a las normas éticas. Argumentando que “los tiempos han cambiado” al ser humano moderno deja de interesarse por buscar lo correcto y actuar según el tiempo en el que vive. Esto es la Indiferencia Pura, dejar de preocuparse por buscar el bien para actuar de acuerdo a lo que sea socialmente aceptado en ese momento.

El segundo nivel es el Cinismo Práctico. Nos encontramos en una cultura del mínimo esfuerzo, es decir, tener libertad pero sin responsabilidad, mayor placer pero menos esfuerzo… realizar acciones pero sin consecuencias. Esta dinámica promueve el egoísmo que es la base del cinismo.

El ser humano moderno inserto en esta dinámica egoísta, cuando se enfrenta a un dilema ético, aun conociendo lo correcto prefiere lo que más le conviene en ese momento o lo que es más fácil para él.  Si la indiferencia es dejar de interesarse por buscar el bien, el cinismo es conocerlo y aun así actuar de forma completamente diferente.

Lamentablemente, el mundo de hoy está lleno de indiferencia y cinismo; pero entonces, ¿por qué nos sorprendemos de actos corruptos, de hechos violentos y situaciones injustas en nuestro país?

El congruente es lo que debe ser

El verdadero cambio, el que es de fondo y perdurable, se encuentra en que cada uno de nosotros sea lo que debe ser y haga lo que le toca hacer. Esto es la congruencia, la que supera las corrientes indiferentes de la sociedad moderna y que rechaza los actos cínicos tan deseables en el mundo de hoy.

Y que como a Sócrates nos llamen tontos, que nos llamen locos. Pero como dijo atinadamente Steve Jobs: “…aquellos que están lo suficientemente locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son quienes lo hacen.”

Te amo siempre y cuando no

Te amo siempre y cuando no hagas lo que me hace enojar, te amo siempre y cuando cumplas el compromiso que hiciste, te amo siempre y cuando no me seas infiel, te amo siempre y cuando sigas esforzándote por mejorar.

Son estos los condicionantes que destruyen toda relación de amigos, de padres e hijos, de noviazgos y de matrimonios.

Si condicionas el amor, mejor no ames

El día de ayer estaba escuchando la predicación del Padre Eugenio, párroco de la “Santa Cruz del Pedregal” y Misionero del Espíritu Santo, congregación fundada por el sacerdote francés Félix de Jesús Rougier. Comentaba: Dan risa esos novios que se dicen mutuamente: “ya sabes que no me gusta que hagas esto pequeño, no lo vuelvas a hacer”, “Ya sabes que esta forma de ser tuya me hace enojar, evítala bebé”… Y reflexionaba en voz alta: Si ya desde novios saben que el tema es una obra de teatro, ¿para qué están juntos?

Ciertamente una obra de teatro puede mantener entretenido a cualquiera durante 40 minutos, hora y media tal vez. Cuando una mala obra de teatro dura ya dos horas o más la gente sale hastiada. Pero ¿qué pasa cuando las relaciones interpersonales se vuelven una obra de teatro? Las partes asumen un rol determinado que ellos mismos eligen pero ciertamente no es natural y la psicología pasa factura inmediatamente.

Amar lo que ES es amar en realidad

Cuando se habla de relaciones Padre-Hijo se cuestiona mucho el hecho de si los padres aman incondicionalmente a todos su hijos y de la misma manera. Ciertamente esto no es así en la humanidad. Los padres suelen tener altas expectativas sobre sus hijos en diversas materias y si sus hijos no las cumplen, los maltratan.

Los hijos que a su vez han recibido lo que en psicología se llama “Condicionamiento Clásico” suelen condicionar el resto de sus relaciones: ya no aman a sus amigos o a sus parejas por lo que son sino por las expectativas que tienen sobre ellas. Vemos entonces jovencitas engatuzadas con novios tóxicos a los que no pueden soltar porque “le están haciendo el bien, lo van a cambiar” Son en realidad intentos por llenar un gran vacío interior. De igual manera se ven por allí jóvenes intentando cambiar a los demás, convertirlos al Evangelio, incorporarlos al movimiento X, Z o Y… nuevamente un amor y amistad condicionados a “transformar al otro”.

Si un ser humano se decide a amar, debe amar a la persona entera con todos sus defectos y virtudes, al tiempo que asume las consecuencias que derivarán de las mismas. Ejercer coerción sobre hij@s, novi@s, amigos o herman@s en nombre de “hacerles el bien” no deja de ser una forma de decirle a la persona que en realidad sólo se le ama en virtud de una expectativa futura y no por sí misma.

El amor de Dios no pone condiciones

Lejos de asemejarse esto a un acto de caridad, desvirtúa el verdadero amor humano que tendría que ser, para el cristiano, reflejo del Divino. El amor de Dios es un amor muy “ontológico” Dios ama por que ES amor.

De esta manera, el cristiano sabe que Dios no tiene expectativas sobre él. La santidad inicia con el saberse amado por Dios en la condición humana, frágil, pecadora y a sabiendas de que la vida será un camino de autoconocimiento donde gracia y libertad forjarán a un ser humano maduro, pleno y capaz de amar.

Pero cuando Dios nos ama, no nos quiere cambiar. Nos ama como somos y hasta podríamos decir que “se aguanta” nuestras ingratitudes e imperfecciones. Ama sin límites porque él no necesita nada de nosotros. Sabe que es su amor el que nos lleva a la transformación cuando libremente y sin condicionamientos lo aceptamos.

El amor humano tiene límites

Sin embargo los hombres somos limitados y no podemos amar en la misma medida que Dios. Es importante conocer nuestras limitaciones para poder amar con constancia.

Si una jovencita se enamora de un drogadicto y pretende cambiarlo, deberá asumir que el cambio puede durar años, que puede engendrar hijos y su marido no cambiará. Que los hijos pueden ser maltratados por el padre en drogas y quizás eso no cambie durante años y que después de riñas y luchas los hijos podrán enfrentar al padre que los maltrató y hacerlo entrar en razón junto con la perseverante madre… pero tal vez ni eso lo haga cambiar. El cambio es siempre un acto libre, personal y de cara a Dios. Un cambio exterior hecho “por agradar a alguien” es siempre temporal y ficticio.

Lo necesario entonces es medir las propias fuerzas dependiendo del tipo de relación que guardamos con los demás. Los compromisos reales, los obligados por la sangre, los necesarios por la convivencia diaria y los autoasumidos.

En los compromisos autoasumidos (amigos, novios, relaciones laborales no obligadas etc.) La libertad es un factor determinante sin el cual no se pueden construir cosas estables. En el momento en que en este tipo de relaciones existe un condicionamiento se entra de inmediato en una ficción o simulacro.

Te amo siempre

Para finalizar, debemos recordar que nadie da lo que no tiene. Cuando no nos apreciamos a nosotros con realismo según nuestra edad, estado de vida,, vocación personal y condición, no somos capaces de amar correctamente a los demás. Debemos amarnos a nosotros mismos SIEMPRE, no siempre y cuando no…. de lo contrario  crearemos relaciones de poder y dominio donde lo importante es lo que obtengo del otro, lo que hago cambiar al otro, lo que espero del otro y las posibilidades que tengo de obtenerlo.

Cónocete a ti mismo, rezaba el Oráculo de Delfos. Y como nadie ama lo que no conoce, como dice San Agustín, debemos por ende, conocernos profundamente antes de pretender conocer a alguien más y, evidentemente antes de darle nuestro amor, deberemos amarnos a nosotros mismos como el Padre nos ha amado: Sin condiciones. Omitir nuestro sano amor propio al construir relaciones redundaría en heridas muy graves y difíciles de sanar a lo largo del tiempo, ya sea entre amigos o novios.

¿Y tú amas siempre y cuándo o siempre y cuándo no… ?

El Papa Francisco y los luteranos

El Papa Francisco ha confirmado su asistencia a los eventos conmemorativos del quinto centenario de la Reforma Protestante encabezada por los luteranos. Este hecho no ha dejado de llamar la atención de diversos sectores de la Iglesia, especialmente de los que confrontan al Papa Francisco.

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