¿Inquisición en el Siglo XXI?

La inquisición es conocida como una forma de represión, muchas veces legal de la libertad de expresión, de la libertad de culto, en resumidas cuentas, de la libertad humana. Ese es el concepto que queda impreso en el pensamiento de muchas personas de nuestro siglo, que luchan constantemente a favor de la libertad humana.

Eso no ha quedado en el pasado. Hoy en día existe una comunidad poderosaque ha venido reviviendo a lo largo de este siglo ese doloroso estigma. Me refiero a la comunidad LGTB, que lamentablemente ha crecido en la paradoja de exigir
derechos, tolerancia y aceptación, mediante la persecución y la discriminación a quienes no comparten sus ideales.

La comunidad LGTB, abanderada con la falacia de la igualdad ha llegado a cruzar los límites del respeto para convertirse en una institución inquisitiva, determinando (con la creencia de tener la razón absoluta) lo que es bueno y mal, lo que es correcto y lo que no es correcto.
Una forma de demostrar esta falacia es el uso inadecuado e inquisitorio de la palabra “homofobia”. La homofobia hace referencia a la aversión obsesiva contra los hombres o mujeres homosexuales. ¿Por qué un uso inadecuado? ¿Por qué un uso inquisitorio?

En primer lugar, se trata de un uso inadecuado porque el significado de fobia es: “miedo irracional a algo”, sin embargo, la gente la usa para calificar a quienes no
están de acuerdo con la homosexualidad. ¿Hay miedo en la no aceptación de un afecto que se cree desordenado? Puede ser, pero… ¿que sea irracional? eso es otra cosa. Parece que quien no esté de acuerdo con la homosexualidad tendrá sus razones, y al haber razones es absurdo hablar de fobia.
En segundo lugar, la palabra homofobia se utiliza en un contexto inquisitorio porque hay un carácter peyorativo para quien es nombrado homófobo, pues adquiere un doble sentido. Además del significado redactado anteriormente en este
párrafo, esconde también un concepto discriminatorio e intolerante, haciendo del homófobo alguién no ético.
El respeto a la diversidad y a la dignidad humana son principios éticos, al igual que lo es el respeto a la libertad. No podemos caer en la falacia de que al no estar de acuerdo con un pensamiento caemos en la intolerancia y la discriminación,porque son conceptos muy diferentes usados en un contexto incorrecto.
Para la antigua inquisición, el no aceptar la religión era un delito grave, para la nueva inquisición, también. No aceptar una ideología, no es intolerancia, no es discriminación, es libertad. Si por no aceptar la homosexualidad, el matrimonio igualitario o llámese como sea, soy un intolerante o una mala persona, entonces me estoy viendo privado de mi libertad y de mi diversidad de pensamiento. Y eso, al
igual que la inquisición es un autoritarismo ideológico que está yendo contra las normas universales de la ética.
Exigir tolerancia y no darla a los demás es una postura egoísta y unilateral que sólo nos puede llevar a una crisis moral y ética como está sucediendo ahora. Y en medio de tantas posturas falaces, muchos están a la deriva en el mar del relativismo sin esperanza de tocar tierra y con un futuro próximo a ahogarse.
Busquemos mejorar el mundo, vivir con la consigna agustiniana: “Ante la duda, libertad, en lo necesario, unidad, ante todo Caridad”. No nos dejemos atrapar por las posturas de moda que no exaltan al hombre sino que lo hunden en el odio y la intolerancia disfrazada de igualdad.

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